Al final el abuelo aceptó el negocio del tío Nacho, aunque tuvo que asegurarle que tenía todo arreglado. En realidad era sencillo. Tenía que firmarle unos papeles para comprar unas tierras olvidadas. Con lo que recibió se compró un Routier nuevo, las cosas empezaron a ir bien, el dinero llegaba fácil. El tío cada vez compraba más tierras y el abuelo se compraba más casas, departamentos, locales, empezó a jugar al golf, al final se fueron a vivir al Country Club, para estar más cerca de la cancha y de la barra.
Separarnos fue muy difícil. Los días con mamá se terminaron. Ella pensaba que yo ya estaba grande para seguir con ella y que alguna vez deberíamos separarnos, que ella estaría bien con los abuelos, que me viniera grande, que dejara de buscar a papá, que me consiguiera una mujer, que hiciera mi propia historia, que por una vez abriera los ojos a la realidad, que podía ser muy duro todo lo que podía encontrar pero era mejor eso que vivir encerrado en un sueño.
Todo eso pensaba mamá pero no decía nada. Yo me fui dando cuenta de todo esto con el tiempo. Los últimos días se le notaba en la manera de mirar, en la forma de rechazarme cuando la quería abrazar o la buscaba, parecía molesta la mayor parte del tiempo, a la noche la escuchaba llorar en su cuarto. Hubiera querido consolarla pero ella cerraba la puertita de su lado, para ir a su pieza tenía que salir y dar la vuelta por la sala, más de una vez me encontraba que el abuelo ya había ido a verla. Que extrañaba el campo, que tenía pesadillas, que necesitaba el aire del Country, que las mujeres son así cuando está en sus días, que vaya a dormir, que él se ocupaba.
Yo no quería que me dejaran, pero tampoco quería ir. El Country se me hacía como un lugar con establos, pampitas verdes y caballerizas con cerquitos pintados de blanco, todo perfectito pero muy, cuando en realidad era la caldera del infierno, la cueva de los chismes y el paraíso de los cuernos, en Monstruociudad todo se sabe, termina siendo un pueblo chico, igual. No era por eso que no quería ir, era porque quería buscar el centro, en todos estos años la Monstruociudad se había ido tragando el centro, los lugares en los que se podía encontrar información, algo para leer la ciudad se los había ido tragando.
Mamá insistía que me quede y el abuelo se resistía a que yo vaya. Al final se fueron con sus cosas y quedé sólo. Las mujeres se fueron con él, yo me quedé en el departamento, a terminar los estudios, a buscar el centro. Iría en los veranos, en los fines de semana de puentes y fiestas largas. En el silencio que quedo flotando seguía escuchando sus voces.
El departamento se volvió enorme y las noches eternas. Me acordaba de la vida con mamá y los abuelos, los días de venir a Monstruociudad se me hacían lejanos, como las Tres Marías, de pronto las cosas que se van desaparecen, se olvidan, nuevos sucesos, nuevo, todo nuevo.
Ya nadie se acuerda. Menos mal que cada tanto viene alguien y pregunta, que si no, esta historia estaría olvidada, yo mismo me hubiera olvidado. De pronto todos estamos siempre a mitad de camino, nunca nos dimos cuenta que siempre estuvimos a mitad del camino, y hay que volver a contar la historia, por si aparecen nuevos elementos.
El Country fue el centro de una nueva forma de vivir en familia en Monstruociudad. Se comenzaron nuevas historias, nuevas familias, nuevas tragedias. La abuela se quebró la cadera jugando tenis y no se recuperó bien, ya casi no salía de la casa, se fue apagando, se enfermaba de todo y se consumió en vida, los médicos dijeron que tenía la sangre pesada. Mamá se ocupó de todo porque el abuelo estaba destruido, nunca lo había visto tan achacado. Mamá lo obligó a salir, a cortarse el pelo, a comprarse ropa nueva, así hasta que recuperó las ganas, se lo veía hecho un pibe, le echaba pimienta al café, como quien dice.
El Country tenía un salón de fiestas, como una casona con techos altos, mamá se volvió el alma de las fiestas todo se hacía en comisiones y ella se ocupó de hacer concursos de baile, los té canastas y los famosos matinés que terminaban a la madrugada en casa de alguien. El abuelo era uno de los que más aportaba a las comisiones y siempre se los veía del brazo, se los veía felices, organizando y planeando nuevas fiestas. Ahora todo parece lejano pero esto que le cuento pasó hace poco, es decir, que yo me acuerde, no es mucho.
Cuando me quedé sólo empecé a buscar el centro, Monstruociudad había cambiado mucho desde que llegamos de las Tres Marías, el centro siempre estaba en recuperación, en reconstrucción y en remodelación. Salvador Días había vuelto a ganar las elecciones, pero esta vez por el Partido Ecologista Autónomo, después de la reforma que hizo cuando fue presidente por el Partido Auténtico Convergente, pudo volver a ser re-reelecto y había puesto calles para caminar para bicicleta, había lugares para fumar y para no fumar.
Que será? en quince años… veinte años que todo esto pasó y el río no ha vuelto, la gente si acaso se acuerda como era la vida antes de todo esto, la gente poderosa, siempre me quiso hacer callar, como a mi papá… bueno al que buscaba como a mi papá.